LECTURAS DE LA BIBLIA SÁBADO 26 DE MARZO DEL 2016
Primera Lectura
Génesis 1: 1. 26-31a
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. Dijo Dios: - «Hagamos al
hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del
cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra». Y creó Dios al
hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.
Dios los bendijo; y les dijo Dios: - «Sed fecundos y multiplicaos,
llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos
los animales que se mueven sobre la tierra». Y dijo Dios: - «Mirad, os entrego
todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y
todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la
hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las
aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira».
Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
Salmo Responsorial
R : La misericordia del Señor llena la tierra.
Salmo 32: 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R.
La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. R.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R.
Salmo responsorial de la Segunda Lectura Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.
Salmo responsorial de la Epístola Sal 117, 1-2. 16ab-17. 22-23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R.
La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R.
Segunda Lectura
Génesis 22: 1-2. 9a. 10-13. 15-18
En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:- «¡Abrahán!». Él
respondió: - «Aquí estoy». Dios dijo: - «Toma a tu hijo único, al que amas, a
Isaac, y vete a la tierra de Moria y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré». Cuando llegaron al sitio que
le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: -
«¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: - «Aquí estoy». El ángel le ordenó: - «No
alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que
temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo». Abrahán
levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se
acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió llamó a Abrahán por
segunda vez desde el cielo y le dijo: -
«Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte
reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a
tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus
descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de
la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».
Salmo Responsorial de la Segunda Lectura
R Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Salmo 15: 5 y 8. 9-10. 11
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.
Tercera Lectura
Éxodo 14: 15-15: 1
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: - «¿Por qué sigues clamando a
mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado,
extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen
por medio del mar, por lo seco. Yo haré que los egipcios se obstinen y entren detrás
de vosotros, y me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército,
de sus carros y de sus jinetes. Así sabrán los egipcios que yo soy el
Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros y de
sus guerreros». Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del
ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de
allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel. La
nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran
aproximarse el uno al otro. Moisés extendió su mano sobre el mar y el Señor
hizo retirarse el mar con un fuerte
viento del este que soplo toda la noche; el mar se secó y se dividieron las
aguas. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, en lo seco, y las aguas
les hacían de muralla a derecha e izquierda.
Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos, en medio del mar:
todos los caballos del faraón, sus carros y sus jinetes. Era ya la vigilia
matutina cuando el Señor miró desde la columna de fuego y humo hacía el
ejército de los egipcios y sembró el pánico en el ejército egipcio. Trabó las
ruedas de sus carros , haciéndolos avanzar pesadamente.Los egipcios dijeron: -
«Huyamos ante Israel, porque el Señor lucha por él contra Egipto». Luego dijo
el Señor a Moisés: - «Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre
los egipcios, sus carros y sus jinetes» Moisés extendió su mano sobre el mar; y
al despuntar el día el mar recobró su estado natural, de modo que los egipcios,
en su huida, toparon con las aguas. Así precipitó el Señor a los egipcios en
medio del mar. Las aguas volvieron y cubrieron los carros, los jinetes y todo
el ejército del faraón, que habían entrado en el mar. Ni uno solo se salvó.
Mas los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar, mientras las
aguas hacían de muralla a derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a
Israel del poder de Egipto e Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla
del mar. Vio, pues, Israel la mano potente que el Señor había desplegado contra
los egipcios, y temió el pueblo al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su
siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor:
Salmo Responsorial de la Tercera Lectura
R : Cantaré al Señor, sublime es su victoria
Salmo Ex 15: 1-2. 3-4. 5-6. 17-18
Cantaré al Señor, gloriosas es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
Él fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R.
El Señor es un guerrero,
su nombre es “El Señor”.
Los carros del faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.
Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es magnífica en poder,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R.
Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. R.
Evangelio
Lucas 24: 1-12
El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres
fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron
corrida la piedra del sepulcro. Y entrando, no encontraron el cuerpo del Señor
Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres
con vestidos refulgentes. Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando
al suelo y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea,
cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de
hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día
resucitar». Y recordaron sus palabras. Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron
todo esto a los Once y a todos los demás. Eran María la Magdalena, Juana y
María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto
mismo a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro,
sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, ve solo los
lienzos. Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido.
Video Adjunto: https://www.youtube.com/watch?v=Kf2bRypVNko
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