LECTURAS DE LA BIBLIA DOMINGO 20 DE MARZO DEL 2016
Domingo de Pasión
Primera Lectura
Isaías 50:4-17
El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al
abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que
escuche como los discípulos. El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni
me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que
mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me
ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como
pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
Salmo Responsorial
R : Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Salmo 21:2a.8-9.17-18a.19-20.23-24
Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere». R.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R.
Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel». R.
Segunda Lectura
Filipenses 2:6-11
Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser
igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de
esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su
presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte
de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el
Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es
Señor, para gloria de Dios Padre.
Evangelio
Lucas 22:14–23:56
En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los
jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
C. Y se pusieron a acusarlo diciendo
S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a
nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos
al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilatos le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. El le responde:
+ «Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este
espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de
pecho.
Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían
seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.
C. Pero ellos insitían con más fuerza, diciendo:
S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea,
desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era
galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes,
que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos
días, se lo remitió.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio
C. Herodes, al vera a Jesús, se puso muy contento,
pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y
esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante
verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas
acusándolo con ahínco.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y,
después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a
Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque
antes estaban enemistados entre si.
Pilato entregó a Jesús a su voluntad
C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes,
a los magistrados y al pueblo, les
dijo:
S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del
pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante
de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo
acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha
hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos vociferaron en masa:
S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».
C. Este había sido metido en la cárcel por una
revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar
a Jesús, pero ellos seguían gritando:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Por tercera vez les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en
él ninguna culpa que merezca la muerte.
Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos
que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que
pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por
revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.
Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto
Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la
llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que
se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por
vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán:
"Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los
pechos que no han criado". Entonces empezarán a decirles a los montes:
"Caed sobre nosotros", y a las colinas: "Cubridnos";
porque, si esto hacen con el leño verde, ¿que harán con el seco?».
C. Conducían también a otros dos malhechores para
ajusticiarlos con él.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera»,
lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la
izquierda.
Jesús decía:
+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a
suerte.
Este es el rey de los judíos
C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le
hacían muecas diciendo:
S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él
es el Mesías de Dios, el Elegido».
C. Se burlaban de él también los soldados, que se
acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti
mismo».
C. Había también por encima de él un letrero: «Este es
el rey de los judíos».
Hoy estarás conmigo en el paraíso
C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba
diciendo:
S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a
nosotros».
C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le
decía:
S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma
condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo
pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada».
C. Y decía:
S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas
sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo
del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
C. Y, dicho esto, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a
Dios diciendo:
S. «Realmente, este hombre era justo».
Video Adjunto: https://www.youtube.com/watch?v=Ah9HQyf0BA4
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